Entre el cielo y el infierno
Literatura con olor a blues, donde se presentan cien vidas, cien historias de mujeres y hombres que un día crearon una música, una tendencia, una cultura y, sobre todo, una forma de expresión que nació de lo más profundo el alma afroamericana para hacerla universal.
Este libro habla de vidas con tremenda intensidad, en las que no brillan, por su escasa presencia, los momentos de gloria. Existencias al límite, marcadas por infancias difíciles, vidas acorraladas por la miseria y el racismo. Biografías de mujeres y hombres que se bebieron la vida a tragos, que recorrieron los caminos más duros, habitaron los garitos más sórdidos y hurgaron en lo más profundo del alma humana para alumbrar la llamada música del diablo.
Contrabandistas de alcohol, vagabundos, prostitutas, jugadores, cazatalentos, músicos callejeros, chulos, presidiarios, agricultores, dandis, coristas, predicadores, divas de la canción, estrellas de cine, buscavidas, triunfadores fracasados, poetas y genios, se entrecruzan en el camino que lleva desde las más míseras cabañas del profundo Mississippi a las luminarias de los clubes de Chicago o Nueva York.
Ordenados cronológicamente a partir de la fecha de nacimiento, cada perfil está ligado a los momentos históricos que acompañaron sus vidas porque, de alguna forma, todos somos una parte de lo que somos porque vivimos los tiempos que vivimos.
Ampliamente ilustrado, el autor, López Poy, usa a sus protagonistas como excusas perfectas para cubrir de principio a fin la etapa clásica del blues uniendo magistralmente aspectos socio-económicos y geográficos, referencias discográficas, pura historia y mucho conocimiento de causa en unas fichas biográficas tan didácticas como amenas. Poy escribe con ese puntito justo entre erudición y sencillez, logrando que las descacharrantes notas introductorias de cada personaje den paso a una información necesariamente sintetizada pero absolutamente suficiente. Tras pasar por su pluma, las peripecias de este centenar de pioneros son casi tangibles.
Sin encantamientos, sin conjuros, sin rituales, han sido evocados un buen número de espíritus; los amantes del blues deberíamos de agradecerlo.